El tercer día del Hay Festival Cartagena fue un mar de ideas, preguntas, historias y versos.
Desde la importancia y utilidad de la literatura y una reflexión sobre la crisis climática hasta el proceso creativo y la voz propia en los textos, la jornada estuvo marcada por preguntas profundas que nos permiten explorar nuevas formas de entender el mundo.
La noche cerró con una gala de poesía que me conectó con el poder de la palabra en su forma más pura… y definitivamente hace que se despierte ese bichito de escribir.

La utilidad de la literatura
La primera sesión del día, 20 preguntas: cultura y literatura, puso sobre el escenario una de esas preguntas que parecen simples pero que, en realidad, encierran una profunda reflexión: ¿para qué sirve la ficción? ¿para que sirve escribir si el mundo está tan jodido?
Piedad Bonnett, Charlotte Higgins, Nicola Lagioia y Cristina Rivera Garza, junto a Pilar Reyes, abordaron esta inquietud desde diferentes perspectivas.
Recordando a Gabo nos preguntamos por qué la gente nunca cuestiona para qué sirve un médico o un ingeniero, pero sí un escritor. La respuesta es clara: la literatura sirve para reconfigurar relatos, construir memoria y dar voz a lo que de otro modo quedaría silenciado.
Es un ejercicio de recuperación y de resistencia, de imaginar nuevas realidades y de contar la historia que no escucharíamos en otra parte.
La escritura también es una herramienta para reconstruir el pasado, traer a la memoria a los que ya no están y explorar el horror sin juicios, solo tratando de entender otras mentes.
La literatura no siempre ofrece respuestas, pero sí plantea preguntas. Preguntas necesarias, incomodas, reflexivas, profundas, y trascendentales.
Además, destacó en la conversación el papel como espacio de disidencia, donde se pueden denunciar injusticias, reclamar una vida más plena y desafiar lo establecido.

La crisis climática: una historia que debemos empezar a reescribir
De la literatura pasamos a la realidad urgente de nuestro tiempo en 20 preguntas: emergencia climática. Peter Frankopan, Virginia Mendoza y Gustavo Ulcué Campo, junto a Rosie Boycott, debatieron sobre cómo cambiar las narrativas en torno al medioambiente.
Uno de los temas más poderosos fue la necesidad de recuperar los saberes ancestrales de los pueblos indígenas. El agua es el padre, la tierra es la madre, y en esa visión sagrada del territorio se encuentra una clave para la sostenibilidad.
En contraste, la minería y la explotación descontrolada han devastado áreas protegidas, desplazado comunidades y alterado ecosistemas enteros, buscando sacar el máximo provecho y matando el suelo.
Se habló en la necesidad de reformar la enseñanza para incluir saberes sobre química del suelo, técnicas de siembra y cosecha de alimentos, y procesos de purificación del agua. Aprender desde niños a cuidar el medioambiente puede hacer una gran diferencia en el futuro, pues educas una generación más respetuosa con el planeta.
Lo que consumimos tiene un impacto: lo que usas, vistes, comes, compras, incluso, lo que le preguntas a Chat GPT. Es hora de preguntarnos qué hay detrás del agua que sale del grifo, pues damos por sentado que siempre saldrá el preciado liquido, y solo quien ha sufrido sequía, racionamientos o escasez de agua, sabe lo importante que es consumirla con responsabilidad.
Es necesario pensar en las comunidades desplazadas por megaproyectos y en la fragilidad de los ecosistemas ante nuestro modelo de vida actual.
En un mundo donde la crisis ambiental no es más cosa del futuro sino del presente, la educación ambiental temprana y la recuperación de la sacralidad del agua pueden marcar la diferencia.
No viviremos en un futuro peligroso; ya estamos en él. Y la pregunta no es qué pasará después, sino qué podemos hacer ahora.
Creación: entre géneros y fronteras
Por la tarde, María Negroni y Cristina Rivera Garza conversaron sobre el arte de la creación literaria.
Ambas escritoras destacaron que la literatura es un territorio sin fronteras. La poesía y la narrativa, la ficción y la no ficción, la escritura y la traducción, todas son formas de explorar el lenguaje y de darle nuevas capas de significado.
La traducción fue un punto clave en la charla: más que trasladar palabras de un idioma a otro, es una reescritura, una reinvención.
En el proceso creativo, cada historia encuentra su propia forma, su propio ritmo.
La literatura no tiene límites, solo posibilidades. La experimentación en la escritura permite cruzar territorios, difuminar géneros y descubrir nuevas maneras de contar.

Camila Sosa: escribir para existir
Si hay una voz que resuena con fuerza en el panorama literario actual, es la de Camila.
En su conversación con Melba Escobar, la autora argentina habló sin filtros sobre su escritura, su proceso de transición de niño a mujer y su visión de la literatura.
A diferencia de muchos escritores que creen que los libros pueden cambiar el mundo, Camila es honesta, y afirma que ella escribe porque lo necesita, porque le gusta, porque le da placer.
No quiere desviarse de lo primordial, ella no buscaba la fama ni el reconocimiento; su única preocupación hoy es seguir mejorando su escritura. La literatura fue y sigue siendo una suerte de refugio, el espacio donde puede construirse a sí misma.
Por ultimo, la conversación cerró con cuestionamientos y discrepancias entre Camila y Melba sobre el efecto de los libros en la cultura, o en el acto de preservar y dejar un legado.
Para Camila, la idea de cultura es un ente traicionero, más bien un concepto mercantilizado, pues la verdadera cultura se encuentra en lo que se transmite de generación en generación, en la sabiduría cotidiana que no aparece en los libros, más que en un cuadro, en un teatro, un cine o un libro como objeto de publicación y venta de una editorial.
La cultura, tal como la concebimos hoy, ha sido manipulada y convertida en un producto.

Noche de poesía bajo las estrellas
Para cerrar el día, el Centro de Formación de la Cooperación Española se convirtió en un templo de versos. La gala de poesía reunió a nombres como Piedad Bonnett, María Negroni, Mayra Santos-Febres, Mary Grueso y Yuliana Ortiz Ruano, entre otros.
En el aire flotaban palabras llenas de nostalgia, protesta y belleza. Cada poeta trajo su voz, sus historias, su ritmo, creando un aura de escucha que resonó con quienes asistimos.
La poesía fue una conversación íntima, un eco de preocupaciones y esperanzas. Hubo versos de resistencia, de amor, de dolor, de migración, de racismo y de memoria. Fue un final perfecto para una jornada intensa.
Cartagena, con su brisa nocturna y su magia, es por estos días, el escenario perfecto para recordar que, en tiempos de ruido e incertidumbre, la literatura y la poesía siguen siendo refugios seguros.
Mañana: último día de este maravilloso festival de las ideas.

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