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  • Cuando un libro no funciona (y también está bien decirlo)

    Cuando un libro no funciona (y también está bien decirlo)

    Me gustan los libros de Elísabet Benavent. Mucho. Un cuento perfecto, Todas esas cosas que te diré mañana, Los abrazos lentos.


    Me gustan sus historias y también sus adaptaciones a series. Es una autora a la que recurro a veces cuando tengo bloqueo lector y necesito algo light: romance, un poco de picante (o mucho), humor, personajes que entretienen y no exigen demasiado. Ese lugar seguro al que vuelves cuando no sabes qué leer.

    Pero esta vez… no funcionó.
    Y creo que de vez en cuando también hay que hablar de los libros que no nos gustan.

    Esta lectura no fue de las que dejas a un lado “para después”. Al menos no en mi caso. Tengo varios libros en la mesa de noche esperando su momento adecuado, pero este no. Este, señores, se va de mi librero.

    Le di 167 páginas de oportunidad. De verdad. Pero llegó un punto en el que ya no podía avanzar. Leí el epílogo cuando ya no daba más, confirmé que era cliché, y dije: no más.

    ¿Por qué lo abandono?

    1. La escritura
    Me pareció pobre a nivel narrativo. Un abuso de símiles, como si la autora se hubiera quedado sin recursos. Más que un problema de escritura, sentí una falta clara de edición o corrección de estilo. Son más de 590 páginas de verborrea que no se justifica del todo.

    Aquí va un ejemplo en solo media página:

    Me miraron como si acabase de desembarcar en la orilla de una playa de Nueva Guinea, habitada por una tribu que no ha tenido contacto con el resto de la civilización jamás.

    Sonreí como en un anuncio de dentífrico más recomendado por los dentistas.

    2. El personaje masculino
    Para mí es clave que, si una historia está narrada desde la voz de un hombre, esa voz esté bien construida. Aquí no me lo creí. Era un hombre heterosexual hablando constantemente de colores de cabello, moda, estilos y detalles que no encajaban con la imagen de “macho sexual” que la historia intentaba vender. No me hizo fit. Puedo estar sesgada, pero prueben con esto que les dejo aquí, y me cuentan como les suena. Así habían muchos fragmentos.

    Si quiere criticar la moda, era suficiente con decir «el chico al que le gustaba combinar faldas con pantalones» – y lo digo porque en general, los hombres hetero practican economía de palabras.

    3. Avanza sin avanzar
    La historia gira en círculos. Detalles que no suman: descripciones interminables de comida, ropa de compañeros de trabajo, la hora del cepillado de dientes, hermanos universitarios con los que comparte piso, páginas y páginas arreglando una maleta y preocupado por comprar bañadores. No. No todo es necesario.

    4. Jerga española excesiva
    Está lleno de expresiones muy locales que, para quienes no somos españoles, dificultan la lectura y la comprensión en varios momentos.

    5. El diálogo interno
    Ese monólogo constante del personaje, y que a ratos intenta hablarte directamente a ti como lector… conmigo no funcionó. Me sacaba de la historia en lugar de acercarme.

    Y ahora viene lo mejor —o lo más curioso—:
    Creo que lo recomendé a un par de amigas (SIN LEERLO ANTES YO, confiando en lo que me gusta la escritora). Y les gustó. Mucho.

    Así que, conclusión final: cada experiencia de lectura es única.


    A los libros hay que darles la oportunidad, sí. No sé si iba a mejorar en la página 200 pero para mi es una misión abortada.

    También tenemos que darnos el permiso de dejarlos a un lado cuando no nos están funcionando, cuando sentimos que nos estancan, cuando leer se vuelve una tarea difícil y muy esforzada.

    Con tantos libros pendientes, ¿por qué obligarnos a terminar uno que no nos está diciendo nada?

    Leer también es saber soltar. 📚✨

  • ¡Gracias por un 2025 lleno de historias!

    ¡Gracias por un 2025 lleno de historias!

    El 2025 fue un año hermoso para nuestra comunidad lectora.
    Es uno de esos años que no se miden solo en libros leídos, sino en conexiones creadas, conversaciones compartidas y momentos que se quedan en la memoria.

    Leímos, sí.
    Pero también nos encontramos.

    Compartimos cafés, risas, silencios, debates intensos, sorpresas y descubrimientos literarios que todavía llevamos en el corazón.

    Cada lectura fue una excusa perfecta para sentarnos juntos, abrir preguntas y mirarnos un poquito más hacia adentro.

    Y parece mentira que, conectando a través de Instagram, reuniones virtuales, uno que otro cafecito lector y ese chat de WhatsApp que siempre vibra entusiasta, podamos vivir la magia de encontrarnos después en una librería… y sentir que nos conocemos desde hace muchísimo tiempo.

    Eso es lo verdaderamente especial.
    La sensación de comunidad.

    Hacer comunidad alrededor de los libros es algo profundamente bello: reconocernos entre lecturas, coincidir en gustos (o no), disentir con respeto, y contagiar a otros ese amor inmenso que sentimos por leer… y sí, también por comprar libros.

    Nuestro 2025, en resumen, fue intenso.

    En Letras Cuesta Arriba leímos ocho libros juntos. Ocho mundos distintos, ocho conversaciones que nos atravesaron y nos transformaron de formas sutiles pero reales.

    • Las mil y una noches.
    • El Decameron.
    • El amor en los tiempos del cólera.
    • Actos Humanos.
    • Tesis sobre una domesticación.
    • 1984.
    • Frankenstein.
    • Primera persona del singular.

    Además, nos dejamos seducir por lecturas intensas que incomodan y sacuden, y nos adentramos en la literatura queer gracias a espacios compartidos que ampliaron miradas, sensibilidades y preguntas necesarias con otros clubes de lectura.

    También hubo lugar para los más pequeños. Un club de lectura infantil donde cinco niños, entre 8 y 12 años, compartieron la historia de Esperanza, hablando de identidad, sueños y comunidad con una profundidad que solo la infancia sabe ofrecer.

    Y cómo no mencionar los once cafecitos lectores. (Con un diciembre bomba!)
    Un espacio que, sin ser club de lectura, se convirtió en una cita mensual obligada. Un lugar seguro para descargar ansiedades literarias, hablar de lo que leemos (o no), y simplemente estar.

    También tuvimos libros viajeros, donde hacemos de la lectura una conversación compartida, con otros lectores y con el libro mismo.

    ¡Qué año! De verdad… wow.

    Gracias a cada persona que leyó, que se sumó, que preguntó, que escuchó, que recomendó un libro, que apareció en una librería, que escribió un mensaje, que estuvo.

    Nada de esto existiría sin ustedes.

    Y ahora, con esa misma alegría, miramos hacia el 2026.

    Vienen más lecturas, más encuentros, más risas y más conversaciones que empiezan en un libro y terminan en lugares inesperados.

    En Letras Cuesta Arriba nos espera un año dedicado a los clásicos de la literatura universal. Puedes participar un mes, varios o todos. Tú eliges tu propio ritmo, sin presión, sin carreras.

    Habrá lecturas más extensas que otras, guías sugeridas (nunca camisas de fuerza) y, sobre todo, el mismo espíritu de siempre: leer por placer, conversar con respeto y disfrutar el camino compartido.

    Letras Cuesta Arriba no es una clase de literatura.
    Es un espacio de diálogo, de encuentro y de alegría.
    Un lugar donde leer sigue siendo un acto profundamente humano.

    ¿Te sumas a las lecturas del próximo año?

    Nos vemos entre páginas. 💛📚

  • Renuncié a contar mis lecturas

    Renuncié a contar mis lecturas

    Reconozco que aún está vigente mi cuenta de goodreads, porque decidí que más que un contador, es una libretita de apuntes que me facilita recordar si lo leí o no, pero más allá de eso… no tendrá otro uso. – Aunque ahora que lo pienso, ¿no sería mejor usar una libreta? 📓


    Durante mucho tiempo me deje llevar por la carrera, por la moda de que leer bien significaba leer más y más. Correr a la librería a comprar el más reciente libro y rogar por tiempo para terminarlo, soltar y agarrar uno más.

    Más libros, más páginas, más retos cumplidos.

    Hasta que una tarde, casi sin querer, me di cuenta de que estaba leyendo con un ábaco en la mano.

    Hace unos meses, una amiga de Instagram me contó que no llevaba registro de sus lecturas. Nada de metas, nada de conteo. Le pedí consejo y fue directa: desinstala Goodreads y todas esas apps. Lo hice. Y sentí tremendo alivio.

    Ahí entendí que había convertido la lectura en una carrera autoimpuesta. Números que no pedí, gráficas que no necesitaba, comparaciones silenciosas que me robaban la alegría de disfrutar el recorrido no solo el terminarlo. Todo para demostrar lo que no necesita pruebas: que amo leer.

    Plataformas como Goodreads o Fable pueden ser espacios lindos para registrar lo leído, pero también se transforman en un marcador invisible.

    ¿Cuántos libros llevo este año?

    ¿Voy atrasada?

    ¿Leeré menos que otros?

    ¿Por qué nunca volveré a leer como en 2020?

    ¿Qué tal si leo libros más cortos para «leer más»?

    Sin darme cuenta, el placer se volvió presión. Y más si llevas una cuenta de promoción de lectura, donde pareciera que si no has leído esto o aquello no eres suficientemente bueno. 🤯

    Y leer, que siempre fue refugio, empezó a parecer obligación. Así que renuncié. No a los libros, sino a la contabilidad… que fue además, de mis materias más odiadas en la universidad – ¿Estoy divagando, verdad?. 🤣

    Decidí no contar más.

    No medir, no comparar.

    Dejar que los libros duren lo que tengan que durar. Algunos se devoran en horas; otros se quedan meses, como conversaciones que no quieren terminar.

    Hoy leo sin pensar en listas ni estadísticas.

    Leo más lento, más libre. Y sobre todo, más cerca de lo que siempre fue leer para mí: un acto personal, no una carrera.

    2026 trae una nueva aventura, y quiero vivirla sin números. Te invito a hacer lo mismo: a leer de nuevo, solo por el placer de leer.

    Aprovecha que viene entrando el nuevo año, y varias plataformas te preguntarán, ¿Cuál es tu reto de lectura? ¿Cuántos libros es una meta digna para llamarte buen lector? No caigamos en la trampa, leamos por el solo gusto de leer.

    ¡Nos seguimos leyendo!

  • Libros: Ahora y en la hora

    Libros: Ahora y en la hora

    Hace meses no dejo una reseña por aquí. Parece que no he leído mucho este año si me guió por las entradas del blog, pero la verdad es que no había sentido la necesidad de volver, y hoy se me queda corta la foto en Instagram y el copy que la acompaña, así que aquí va.

    He leído a Héctor Abad antes: El olvido que seremosSalvo mi corazón, todo está bienLa ocultaDiarios: lo que fue presente. Todos con su huella: la del hijo, el amigo, el hombre sensible, a veces demasiado consciente de sí. Pero este, Ahora y en la hora, me dejó sensaciones encontradas.

    Sentí vacío detrás de la prosa impecable, un egocentrismo difícil de ignorar. Vivir (y contar y rememorar) la guerra —la de Ucrania— desde la comodidad de una copa de vino o de un hotel europeo me resultó chocante.

    Pero sé que el dolor y la devastación no alcanzan del todo cuando se narran (y se leen) desde la distancia de quien observa, más que de quien vive.

    Hay algo incómodo en esa dualidad: el autor que vivió la violencia colombiana en carne propia —la muerte del padre, el duelo público— pero que pocas veces ha sido una voz política activa. Si columnista, si critico, pero poco se ha visto alzar estandartes en favor de nuestra patria. (pero no quiero volver esto político, porque lo admiro demasiado como escritor)

    Aquí, él, vuelve a mirar el horror, pero desde la seguridad del escritorio. Como yo, lectora que también lee desde la cama, cómoda, juzgando desde lejos. Tal vez esa es la incomodidad que me deja el libro: el espejo que devuelve.

    No me gustó la estructura: caótica, dispersa, autorreferencial.

    Entiendo que la memoria es fragmentaria, que las imágenes del pasado no llegan ordenadas, pero hay algo en su manera de volcarse siempre al centro, de poner su rostro incluso en las fotos, que me pareció vanidosa (cómo ya él mismo dice que le dijo su hija). No hay morbo, pero las fotos tampoco me dan una conexión autentica, solidaria, con las víctimas.

    Todo parece girar en torno a los hombres brillantes y sus currículos, los idiomas que hablan, la ropa que visten y los gustos literarios compartidos… a esa élite que, incluso en la guerra, mantiene intacto su privilegio.

    Y sin embargo, me conmovió el final. La escritura se vuelve más honesta, más despojada, más libre.

    Hay una búsqueda genuina de sentido, una reflexión sobre la muerte que se siente cercana.

    Esa frase sobre las mujeres que se quedan —mientras los hombres combaten— me pareció una verdad inmensa: ellas como testigos, consuelo y sostén entre los escombros.

    Y también esa otra, la de la página 122, cuando dice que “Colombia, nuestro Tíbet de Suramérica, se vive mirando el ombligo en medio del mundo” – y que aplica para muchos de nuestros países de este lado de la esfera . Qué cierto: creemos que nuestras tragedias son el centro, sin ver las de los otros, y sin permitir que nos incomoden.

    No sé si me gusta o no me gusta que Abad se declare cobarde al final. No sé si es una confesión sincera o una estrategia que vende más libros, o que justifique el solo acto de escribir. Pero en el fondo, da igual.

    El escritor es escritor, el lector es lector. Cada uno con su lugar, su mirada y su culpa.

    Tal vez mi incomodidad sea parte del ejercicio mismo de leerlo: reconocer que la distancia duele, pero también protege. Y que hay libros que no se aman ni se odian del todo; solo se quedan ahí, haciéndonos pensar por qué seguimos leyendo.

    ¿Si recomiendo leerlo? No lo sé, pero tampoco diré que no lo hagas.

  • ✨ Cuatro años de bibliofilia.pty: un viaje de palabras, encuentros y alma compartida 📚

    ✨ Cuatro años de bibliofilia.pty: un viaje de palabras, encuentros y alma compartida 📚

    Hoy celebro cuatro años desde que abrí este espacio llamado bibliofilia.pty.

    No tenía idea de todo lo que me esperaba. Yo solo empecé publicando mis lecturas y reseñando, muy a mi manera, mis lecturas.

    Solo sabía que extrañaba hablar de libros, que necesitaba encontrar otras voces lectoras después del sacudón que nos representó la p4nd3m!4, me sentía saturada y quemada pues mi vida giraba solo alrededor del trabajo. Estaba deseosa de conectar con nuevas personas, y que la lectura –como siempre– fuese para todos el refugio, el mapa, el puente.

    Y así nació esta cuenta, desde el amor a los libros, pero también desde la necesidad de pertenecer, de hacer una tribu. Porque si algo he aprendido, es que las historias no solo se leen, se viven de verdad cuando se comparten.

    En estos años hemos leído juntos más de 40 libros en distintos clubes de lectura.

    Hemos creado espacios hermosos como Cafecito Lector donde el diálogo se abre entre páginas, historias, experiencias y una tacita de café (o lo que sea que quieran comer), o el Libro Viajero, cuatro que ya han cruzado de mano en mano, dejando huella en cada lector que lo recibe.

    Bibliofilia.pty no solo me ha dado libros. Me ha dado aprendizaje. En estos años me animé a estudiar Escritura Creativa, me formé en Marketing Editorial y también culminé un Diplomado en Mediación Lectora y Creatividad, porque este amor por los libros no deja de crecer, y siento el compromiso de mediar y promover la lectura de forma consciente, más generosa, adecuada y respetuosa.

    Gracias a esta comunidad he conocido autores increíbles, he descubierto universos literarios que me han transformado, pero lo más importante: he conocido personas maravillosas. Gente sensible, curiosa, generosa. Gente que ama leer y se atreve a leer en voz alta la vida misma. Y que poco a poco se van convirtiendo en amigos, porque es inevitable quererles.

    Cada tanto pienso que este es uno de los más bellos regalos que me ha dado Panamá. Sé que el hubiera no existe, pero creo que de quedarme en Colombia, tal vez nunca habría sentido la urgencia de crear esta tribu. Tal vez me habría sentido acompañada de otras formas. Pero migrar, echar raíces en un nuevo país y buscar conexión me llevó a abrir esta ventana… y con ello ustedes.

    Hoy miro lo que he hecho con gratitud. Y siento entusiasmo de saber que este viaje apenas comienza.

    Gracias infinitas por estar aquí. Por leer. Por compartir. Por hacer de bibliofilia.pty un rincón cálido en este país y en este universo digital. 💛

  • Retiro de silencio: una experiencia energética

    Retiro de silencio: una experiencia energética

    Si de golpe alguien nos dice que debemos mantenernos en silencio por 24 horas nos parecería una locura.

    No solo por el hecho de no hablar, sino porque además en un silencio completo, un silencio de redes sociales, de lectura, de música. Sin celular, sin conversar con nadie. Solo tú. Un silencio con intención. Un espacio para entrar en ti.

    Y boom! te vuela la cabeza.

    Un amigo me dijo, «¿estás clara que puedes hacer eso porque no tienes hijos, verdad?» y pues no le refuté la idea en principio, pero luego me quedé pensando que no tiene nada que ver, y decido no minimizar mi logro porque estoy segura que personas sin hijos podrían no completarlo, y personas con hijos seguro amarían y lograrían hacerlo, es cuestión de planificar ese espacio contigo y conectar desde el interior.

    Estamos tan tan acostumbrados a la carrera, a llenar nuestros días de ruido y actividad que pausar por 24 horas no es una opción, viene a ser casi como perder un día de tu vida, pero quiero decirles que si se puede, y que desearía empezar a incorporar más silencios intencionales en mi rutina mensual.

    Todo empezó a las seis de la tarde del sábado 29 de marzo y terminó a las seis de la tarde el domingo 30 de marzo. No puedo contarles con lujo de detalles porque cada experiencia es única, cada persona busca en su silencio algo distinto, y cada proceso de hallarlo es diferente.

    Siendo lectora, quizá, conectar con el silencio se hace un poco más sencillo, pero aún en el silencio hay voces, tu voz, la mente no para, está siempre yendo entre pasado y futuro, se acuerda de lo que debió hacer, lo que hará mañana, de si olvidó esto o aquello, de lo que hará cuando pasen estas horas.

    Pero con el paso de los minutos, te sumerges en la calma, en la quietud, en la contemplación, en el descanso, en ti. Y conectas con tu respiración, eres sólo tú y nada más, y te das cuenta que el mundo sigue girando pero la vida es lo que tienes ahora, en el presente, y empiezas a recibir esos mensajes que vienen desde lo más profundo de tu ser.

    A este punto puede parecer que me volví loca o que me fumé alguna cosa. Sólo puedo decirte que te des la oportunidad de vivir una experiencia así, porque tu propio silencio te hablará al oído y te susurrará eso que necesitas escuchar.

    En mis 24 horas conecté con la gratitud, el amor, el merecimiento, la paz, la feminidad, la creatividad, la perseverancia, la libertad, la confianza, el orden.

    El silencio tiene un valor incalculable y poderoso. Si lo practico disciplinadamente creo que sería una persona con más calma, menos cosas me «sacarían de control», con más empatía, más reflexiva, con más paz. ¡Por más silencios en nuestra vida!

    Mi retiro en casa lo hice con la guía de la espectacular Lilia Orta por si desean más información. Una experiencia recomendada.

  • Día 3: HayFestival Cartagena

    Día 3: HayFestival Cartagena

    El tercer día del Hay Festival Cartagena fue un mar de ideas, preguntas, historias y versos.

    Desde la importancia y utilidad de la literatura y una reflexión sobre la crisis climática hasta el proceso creativo y la voz propia en los textos, la jornada estuvo marcada por preguntas profundas que nos permiten explorar nuevas formas de entender el mundo.

    La noche cerró con una gala de poesía que me conectó con el poder de la palabra en su forma más pura… y definitivamente hace que se despierte ese bichito de escribir.

    La utilidad de la literatura

    La primera sesión del día, 20 preguntas: cultura y literatura, puso sobre el escenario una de esas preguntas que parecen simples pero que, en realidad, encierran una profunda reflexión: ¿para qué sirve la ficción? ¿para que sirve escribir si el mundo está tan jodido?

    Piedad Bonnett, Charlotte Higgins, Nicola Lagioia y Cristina Rivera Garza, junto a Pilar Reyes, abordaron esta inquietud desde diferentes perspectivas.

    Recordando a Gabo nos preguntamos por qué la gente nunca cuestiona para qué sirve un médico o un ingeniero, pero sí un escritor. La respuesta es clara: la literatura sirve para reconfigurar relatos, construir memoria y dar voz a lo que de otro modo quedaría silenciado.

    Es un ejercicio de recuperación y de resistencia, de imaginar nuevas realidades y de contar la historia que no escucharíamos en otra parte.

    La escritura también es una herramienta para reconstruir el pasado, traer a la memoria a los que ya no están y explorar el horror sin juicios, solo tratando de entender otras mentes.

    La literatura no siempre ofrece respuestas, pero sí plantea preguntas. Preguntas necesarias, incomodas, reflexivas, profundas, y trascendentales.

    Además, destacó en la conversación el papel como espacio de disidencia, donde se pueden denunciar injusticias, reclamar una vida más plena y desafiar lo establecido.

    La crisis climática: una historia que debemos empezar a reescribir

    De la literatura pasamos a la realidad urgente de nuestro tiempo en 20 preguntas: emergencia climática. Peter Frankopan, Virginia Mendoza y Gustavo Ulcué Campo, junto a Rosie Boycott, debatieron sobre cómo cambiar las narrativas en torno al medioambiente.

    Uno de los temas más poderosos fue la necesidad de recuperar los saberes ancestrales de los pueblos indígenas. El agua es el padre, la tierra es la madre, y en esa visión sagrada del territorio se encuentra una clave para la sostenibilidad.

    En contraste, la minería y la explotación descontrolada han devastado áreas protegidas, desplazado comunidades y alterado ecosistemas enteros, buscando sacar el máximo provecho y matando el suelo.

    Se habló en la necesidad de reformar la enseñanza para incluir saberes sobre química del suelo, técnicas de siembra y cosecha de alimentos, y procesos de purificación del agua. Aprender desde niños a cuidar el medioambiente puede hacer una gran diferencia en el futuro, pues educas una generación más respetuosa con el planeta.

    Lo que consumimos tiene un impacto: lo que usas, vistes, comes, compras, incluso, lo que le preguntas a Chat GPT. Es hora de preguntarnos qué hay detrás del agua que sale del grifo, pues damos por sentado que siempre saldrá el preciado liquido, y solo quien ha sufrido sequía, racionamientos o escasez de agua, sabe lo importante que es consumirla con responsabilidad.

    Es necesario pensar en las comunidades desplazadas por megaproyectos y en la fragilidad de los ecosistemas ante nuestro modelo de vida actual.

    En un mundo donde la crisis ambiental no es más cosa del futuro sino del presente, la educación ambiental temprana y la recuperación de la sacralidad del agua pueden marcar la diferencia.

    No viviremos en un futuro peligroso; ya estamos en él. Y la pregunta no es qué pasará después, sino qué podemos hacer ahora.

    Creación: entre géneros y fronteras

    Por la tarde, María Negroni y Cristina Rivera Garza conversaron sobre el arte de la creación literaria.

    Ambas escritoras destacaron que la literatura es un territorio sin fronteras. La poesía y la narrativa, la ficción y la no ficción, la escritura y la traducción, todas son formas de explorar el lenguaje y de darle nuevas capas de significado.

    La traducción fue un punto clave en la charla: más que trasladar palabras de un idioma a otro, es una reescritura, una reinvención.

    En el proceso creativo, cada historia encuentra su propia forma, su propio ritmo.

    La literatura no tiene límites, solo posibilidades. La experimentación en la escritura permite cruzar territorios, difuminar géneros y descubrir nuevas maneras de contar.

    Camila Sosa: escribir para existir

    Si hay una voz que resuena con fuerza en el panorama literario actual, es la de Camila.

    En su conversación con Melba Escobar, la autora argentina habló sin filtros sobre su escritura, su proceso de transición de niño a mujer y su visión de la literatura.

    A diferencia de muchos escritores que creen que los libros pueden cambiar el mundo, Camila es honesta, y afirma que ella escribe porque lo necesita, porque le gusta, porque le da placer.

    No quiere desviarse de lo primordial, ella no buscaba la fama ni el reconocimiento; su única preocupación hoy es seguir mejorando su escritura. La literatura fue y sigue siendo una suerte de refugio, el espacio donde puede construirse a sí misma.

    Por ultimo, la conversación cerró con cuestionamientos y discrepancias entre Camila y Melba sobre el efecto de los libros en la cultura, o en el acto de preservar y dejar un legado.

    Para Camila, la idea de cultura es un ente traicionero, más bien un concepto mercantilizado, pues la verdadera cultura se encuentra en lo que se transmite de generación en generación, en la sabiduría cotidiana que no aparece en los libros, más que en un cuadro, en un teatro, un cine o un libro como objeto de publicación y venta de una editorial.

    La cultura, tal como la concebimos hoy, ha sido manipulada y convertida en un producto.

    Noche de poesía bajo las estrellas

    Para cerrar el día, el Centro de Formación de la Cooperación Española se convirtió en un templo de versos. La gala de poesía reunió a nombres como Piedad Bonnett, María Negroni, Mayra Santos-Febres, Mary Grueso y Yuliana Ortiz Ruano, entre otros.

    En el aire flotaban palabras llenas de nostalgia, protesta y belleza. Cada poeta trajo su voz, sus historias, su ritmo, creando un aura de escucha que resonó con quienes asistimos.

    La poesía fue una conversación íntima, un eco de preocupaciones y esperanzas. Hubo versos de resistencia, de amor, de dolor, de migración, de racismo y de memoria. Fue un final perfecto para una jornada intensa.


    Cartagena, con su brisa nocturna y su magia, es por estos días, el escenario perfecto para recordar que, en tiempos de ruido e incertidumbre, la literatura y la poesía siguen siendo refugios seguros.

    Mañana: último día de este maravilloso festival de las ideas.

  • Día 2: HayFestival Cartagena

    Día 2: HayFestival Cartagena

    La ciudad amurallada sigue siendo testigo de conversaciones que sacuden, interpelan y recuerdan que la literatura y el pensamiento son espacios de resistencia.

    En este segundo día del Hay Festival Cartagena, asistí a tres sesiones donde las palabras clave y las reflexiones fueron identidad, memoria, exilio y resistencia.

    Gioconda Belli: la ficción como refugio y trinchera

    La jornada comenzó con la potente voz de Gioconda Belli, una mujer que ha desafiado el exilio y el silenciamiento con una sonrisa firme y una pluma que no cede. «El país soy yo», dijo en una de sus frases más poderosas durante su presentación, reconociendo que su literatura es un acto de resistencia.

    Conversó de su libro Un silencio lleno de murmullos, y expuso la culpa que muchas mujeres enfrentan al ser madres y revolucionarias, desafiantes del sistema y la sociedad patriarcal, de cómo el abandono por la ausencia de procurar un mejor futuro puede marcar a los hijos, y de la tensión entre los sueños personales y los deberes impuestos.

    Habló de feminismo, de la virilidad como forma de sometimiento y del arte de la seducción femenina como forma de poder. La importancia de promover un feminismo más inclusivo y de no dejar de soñar, solo, necesitamos soñar nuevos sueños.

    Expuso con valentía su realidad actual: el exilio, la pérdida de su nacionalidad y su casa y la presión familiar para que deje de escribir.

    Su respuesta es clara: «Cada uno es dueño de sus propios miedos, y yo no me voy a callar».

    La sesión cerró con la lectura de su poema Despatriada, entre lágrimas disimuladas y un largo y sentido aplauso que fue un reconocimiento a su trabajo y un gesto de admiración por su valentía y su escritura.

    Archivos y bibliotecas: espacios vivos de memoria

    A mediodía, una conversación sobre la importancia del archivos y las bibliotecas donde se vislumbró la fragilidad de la memoria tuvo lugar en el auditorio del Palacio de la Proclamación.

    Polly Russell y Gustavo Ulcué Campo nos recordaron que sin registro, sin resguardo, la historia se pierde.

    Polly compartió su experiencia curando archivos con enfoque de género en la Biblioteca Británica, resaltando cómo la conservación y el acceso pueden dar visibilidad a voces históricamente silenciadas.

    Gustavo, desde la cosmovisión Nasa, nos recordó que los archivos no solo deben ser espacios de consulta, sino también de creación y reflexión activa. De perpetuar la cultura y hacer a las comunidades protagonistas de la historia.

    Se subrayó la importancia de capturar historias orales, documentar tradiciones y garantizar políticas públicas que protejan el patrimonio cultural.

    Se habló también de la preocupación por el acceso desigual a la tecnología y la conectividad, que limita la posibilidad de que los propios protagonistas accedan a los registros sobre sus comunidades.

    Las bibliotecas, aunque silenciosas, son también espacios de agitación y debate.

    Brasil, el arte y la sanación de heridas abiertas

    Más tarde, Osmundo Pinho y Flavia Rios nos llevaron a Brasil, a Salvador de Bahia, que comparte con Cartagena la confluencia de modernidad y tradición negra, pero también la marca profunda del racismo.

    Se habló de cómo la cultura negra ha sido mercantilizada, convertida en espectáculo para el consumo de otros, mientras la realidad de discriminación y exclusión sigue vigente, aun cuando muchos dicen que solo esta en la cabeza de quienes la denuncian.

    Pinho analizó los patrones racistas en Salvador de Bahía (y Brasil en general), una ciudad donde la población negra es mayoritaria, pero la desigualdad persiste de manera alarmante.

    Se destacó la necesidad de que sean los propios escritores, artistas e intelectuales negros quienes relaten sus historias, sin la mediación de narradores externos (blancos). «De los negros han escrito otros», afirmó, y ahora es el momento de que cuenten desde su propia experiencia.

    Se habló de la importancia de preservar los legados culturales y de cómo el arte puede ser un medio para sanar heridas históricas, pero también para resistir y exigir justicia.

    Aquí es donde el festival me deja con una inquietud. Mientras en algunos escenarios no cabe un alma para escuchar a las figuras más populares, más vendidas, en la escena nacional o por las editoriales, una conversación como esta, que nos invita a mirar de frente las estructuras de opresión y la importancia de la voz de quienes sufren discriminación, se hizo ante una audiencia de escasas 25 personas.

    Y aunque lo importante es que el mensaje vaya calando poco a poco, y vayamos siendo agentes de cambio desde nuestros espacios personales, y no se trata de dejar de celebrar el carisma de los nombres consagrados, creo que si vale preguntarnos si estamos dejando que el ruido de la fama apague las voces que necesitamos escuchar.


    El Hay Festival es un espacio de diálogo, pero para que sea verdaderamente transformador, debemos hacer el esfuerzo de mirar más allá de los conocidos, de abrir el oído a quienes, aunque no ocupen las portadas o las primeras posiciones en las listas de vendidos, tienen mucho que decir.

    Al final del día, las palabras que resuenan son aquellas que nos cambian, y quizá sea momento de preguntarnos a quiénes estamos escuchando.

  • Día 1: HayFestival Cartagena

    Día 1: HayFestival Cartagena

    Periodismo, filosofía y mitos griegos

    El Hay Festival cumple 20 años en Cartagena. Estar aquí es entrar en un espacio donde la literatura se expande en conversación, curiosidad y debate.

    En esta primera jornada, asistí a tres eventos que invitan a la reflexión sobre la importancia del periodismo, la filosofía como guía de vida y la vigencia de los mitos griegos en la actualidad.

    El periodismo como fuerza contra el poder

    A las 3:30 pm, en el auditorio del Palacio de la Proclamación, la cita se dio para un conversatorio poderoso sobre guerra, dictadura y corrupción, donde cinco periodistas compartieron sus experiencias en frentes tan diversos en Colombia, Cuba, Afganistán y Siria.

    Con relatos personales, ilustraron los peligros y la valentía que requiere el periodismo de investigación en entornos hostiles.

    Se habló del periodismo como un contrapeso necesario frente a gobiernos que buscan perpetuarse y dividir a la sociedad, del peligro de la desinformación en redes sociales y de la creciente normalización de la violencia digital como una nueva forma de censura.

    Se destacó la importancia de la libertad de expresión y del compromiso con una información veraz, especialmente en un mundo donde los jóvenes se informan a través de videos cortos con fuentes poco claras y no se interesan por leer noticias o investigaciones porque están cansados de los medios manipulados y los fake news.

    La conversación fue muy humana, con momentos de reflexión sobre el futuro de la información y el rol de la sociedad en defender la verdad.

    Filosofía para una vida mejor

    Luego, el turno fue para la filosofía con la participación del profesor John Sellars, autor de Lecciones de Estoicismo.

    Aunque el profesor participó de manera virtual, su conversación fue cercana y enriquecedora.

    Se abordaron las ideas fundamentales del estoicismo, epicureísmo y Aristoteles como gran pensador y creador de muchas disciplinas políticas y sociales en su tiempo, resaltando cómo estas corrientes filosóficas siguen teniendo un impacto significativo en la vida cotidiana.

    Sellars explicó que la filosofía no es solo un ejercicio intelectual, sino una herramienta práctica para vivir mejor.

    Destacó cómo el estoicismo nos enseña a aceptar lo que no podemos cambiar y a enfocarnos en nuestras propias acciones y la creación de un marco personal de bienestar.

    El epicureísmo, por otro lado, nos recuerda la importancia del placer simple y la tranquilidad, mientras que Aristóteles nos da una guía para alcanzar la felicidad a través del equilibrio y la virtud.

    El Teatro Adolfo Mejía estaba lleno de oyentes atentos en estos temas, ratificando que la filosofía sigue despertando un gran interés.

    Ahora, con más ganas que nunca, toca seguir explorando sus libros sobre Epicuro y Aristóteles.

    Los mitos griegos siguen vivos

    El día cerró con Charlotte Higgins, conversando sobre su libro Greek Myths: A New Retelling, donde revisita los mitos griegos dándole un nuevo centro a las mujeres que los habitaron: Atenea, Circe, Penélope. 

    La autora compartió su visión sobre cómo estos relatos han sido interpretados y reinterpretados a lo largo de la historia, y cómo hoy en día se pueden contar desde una perspectiva diferente, visibilizando los papeles que las mujeres han tenido en ellos.

    Con una lectura hipnótica, Higgins nos transportó a un mundo de dioses, heroínas y criaturas, donde la tragedia y la gloria conviven.

    Mientras hablaba, una gata caminó por el escenario, arrancando sonrisas y convirtiéndose en un símbolo perfecto de la magia de estos relatos atemporales.

    Se habló también de cómo los mitos griegos no solo narran historias fantásticas, sino que también reflejan las grandes verdades de la condición humana: la guerra, el amor, la traición y el destino inevitable.

    Un festival para pensar y sentir

    El Hay Festival es más que un encuentro literario; es un espacio para la inspiración. En un solo día pasamos del rigor del periodismo a la profundidad de la filosofía y la belleza de los mitos.

    Cada conversación nos deja preguntas, ideas y el deseo de seguir explorando estos temas. Lo que nos queda es seguir leyendo, seguir conversando y seguir dejándonos sorprender.

    Mañana, más historias nos esperan.

  • Libros: El niño que perdió la guerra

    Libros: El niño que perdió la guerra

    Hace poco estuve conversando con algunos de mis amigos lectores de los clubes de @bibliofilia.pty sobre las preferencias a la hora de seleccionar los libros considerando, entre tantos, la extensión de la obra.

    Me confieso: huyo de los libros de más de 400 páginas. Para mi los libros extensos nos exigen un mayor nivel de compromiso, concentración, tiempo y docilidad para dejarte envolver lo suficiente y fluir con la historia como quiere el autor.

    Leer las seiscientas cuarenta páginas de El niño que perdió la guerra se me plantó, en inicio, como un reto, me obligaba a salir de mi zona de confort, y más aún, leerlo en menos de siete días con las obligaciones y pendientes de una semana llena de actividades en el trabajo.

    Confié. Me deje llevar porque amo los libros ambientados en la Historia, los libros que narran la guerra son de los que más me atrapan y conmueven. Me permití viajar al siglo XX y tirar del hilo olvidando cuantas páginas tenía al frente.

    Dejando atrapar por la humanidad de los personajes, su realidad, sus circunstancias, hijos, como dice Julia, de una época que les configura y moldea quienes son.

    Leer El niño que perdió la guerra para preparar un conversación con su autora fue especialmente retador porque antes (justo por la extensión) había abandonado «Dispara, yo ya estoy muerto».  

    Leer El niño que perdió la guerra ha sido un descubrimiento y un regalo porque pude degustar la escritura y narrativa de la gran Julia Navarro y comprender por qué es una de las autoras contemporáneas más importantes.


    Temas: Totalitarismo, fascismo, comunismo, libertad, expresión, familia, desarraigo, resistencia, poesía, música, literatura.

    Me gustó:

    • Un narrador omnisciente te toma de la mano y te acompaña a recorrer Madrid, Moscú, Leningrado, Stalingrado, los campos, las cárceles y te hace vivir en la piel del niño y el adulto, del opresor y del oprimido, de la madre, el abuelo y el verdadero amigo.

    • Los diálogos fluidos, naturales. Extensos y profundos. Emotivos, intensos y reflexivos. Son parte importante del flujo de la novela.

    • Poesía, el componente estético de la obra. La luz en medio de la guerra. La chispa del espíritu. La llama que quieren apagar. El símbolo de la libertad, porque el régimen no puede callar el pensamiento, por más tortura y represión la poesía es la expresión misma de quienes no aceptan la imposición.

    • Los personajes. Muchos y diversos. Cleotilde, Agustin y Enrique. Lucía, Pablo e Igor. Anya y Boris. El abuelo Kamisky y la tía Olga. La modista. Dolores y Pedro. Lena. Masha y Leonidas. Talya y Pyotr… y sigue la lista. A través de ellos veremos el rostro de las dos ideologías, la España franquista y la Rusia stalinista.

    • La reflexión que despierta en mi: ¿Se gana de verdad una guerra?¿La guerra saca lo peor y lo mejor de nuestra sociedad?. En estos momentos de sobrevivir y sálvese quien pueda y como pueda, aún delatando amigos y familia, ¿hay quienes están dispuestos a servir y darse a los demás? ¿Qué sentido tiene cambiar un régimen opresivo por otro?

    Leer El niño que perdió la guerra es descubrir perspectivas de amor, familia, resistencia, perdón, lucha, libertad.

    Descubre qué pasa con Pablo en una lectura conmovedora y profundamente emocional, mientras navegas algunos de los hechos históricos más importantes del siglo XX en España y Rusia.