Un año sin resoluciones

Acostumbramos, sin saber por qué, a listarnos los primeros días del año, sino la noche vieja con varios vinitos en la cabeza, los que serán nuestros propósitos del año que inicia.

Yo este año decidí vivir sin resoluciones, sin cargar el calendario con expectativas, sin listas de pendientes que hacen carrera con el reloj.

Opto por ello porque con ese 2020 tan loco, quiero aprender a vivir fluyendo – o al menos eso espero. Que mi vida se parezca más al principio budista de no sufrir a causa de los deseos. Deseos que nos causan frustración si no se manifiestan tal cual los visionamos. Este propósito probablemente funcione, si opto por una actitud de constante gratitud frente a mis situaciones personales que le complemente.

No me refiero a vivir con una mentalidad conformista, no. Me refiero a vivir el HOY y valorar los momentos, las personas, las experiencias y aprendizajes a mi alrededor.

A pasar la vida y sus lecciones por un cristal que me ayude a ver las cosas de un modo que me permita obtener de ellas otro tipo de riqueza.

Mis únicas y más serias resoluciones serán leer 36 libros, retomar una dieta saludable con mínimo consumo de azúcar, hacer ejercicios al menos 3 veces a la semana y hacer de la fe una experiencia más intima y personal. ¿Qué tal? Lo demás lo dejo al día a día.

¿Tienen resoluciones para el 2021?

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