Hay sabores que se estampan en el recuerdo. Recuerdos que se activan y te hacen agua la boca.
Ir a la casa de mi abuela Olga en Barranquilla, uno que otro fin de semana siendo niña, fue en una época una experiencia maravillosa.
Yo sabía – en esos años que mi abuela aún entraba a la cocina – que iba a recibirnos con una olla, reciben bajada de la hornilla, llena de su delicioso arroz con leche.
Humeante aun.
Cremoso.
Dulce.
Con rajaduras de canela y uvitas pasas.
Al pasar la sala, ella decía emocionada, «miren, les hice arroz con leche».
Nos servía una taza, y la comíamos entera en una de sus mecedoras de madera oscura y mimbre frente al abanico, en ese calor pegajoso de la tierra caliente y resolviendo los acertijos que mi abuelo había coleccionado entre esta y la última visita.
Nos lamíamos la cuchara, como queriendo arrancarle el dulce al metal y siempre queríamos más, pero había que dejar para los otros días.
El arroz con leche de mi abuela, aunque me enseñó la receta, nunca, nunca me queda igual.
El cierre de Hay Forum estuvo a cargo de Javier Moro y Juan David Morgan, quienes magistralmente nos envolvieron con historias y anécdotas memorables en la vida del autor español, conocido por sus escritos como El Sari Rojo y El imperio eres tú.
La conversación inició rememorando sus inicios, de cómo a pesar de provenir de una familia de escritores, no la tuvo nada fácil. Él quería ser cineasta, pero la vida lo puso en su sitio, y lo hizo escritor.
Dice que aprendió el oficio por osmosis, pues su tío Dominique Lapierre le pedía ayuda con investigaciones para sus libros. Así aprendió a reconstruir historias y a escribir. También contó sus aventuras como guionista y cineasta.
Moro afirma que la escritura le ha enseñado a incidir para bien en la vida de las personas, a cómo desde las letras puedes hacer magia y aportar un granito de arena en la vida de la gente.
El dialogo más formal se centró en su reciente libro Nos quiere muertos. Develó el proceso de escritura, el acercamiento a Leopoldo Lopez y a su familia para contar la historia desde su perspectiva. Moro, nos muestra el tamaño sacrificio por la causa del cambio en Venezuela y el papel tan importante de su esposa, Lilian Tintori, en el curso que tomarán los hechos en los años más fuertes de su vida matrimonial. Ella se transforma y se ve abocada a cambiar su mentalidad para poder acompañarle en su lucha.
Javier dice que no tuvo que inventar nada. Para él, el libro no busca ser un panfleto contra Maduro – ni ningún otro líder político – ni un reto a las ideologías de turno, sino una historia que muestre la realidad de un país.
Leopoldo es un personaje fuera de lo común, con una fuerza mental tremenda que se permite trastocar su vida y la de su familia por completo, cae preso, amenazando la estabilidad e integridad de sus seres queridos. Preso político en el pasado, y exiliado hoy, al menos se ha asegurado que su historia sea contada.
El libro puede leerse como historia contemporánea, como thriller, como novela negra, pero es por encima de todo, una historia de amor.
No quedó sin mencionar, el tema de la migración de Venezuela, 1 de cada 4 venezolanos se ha visto en la necesidad de salir, y de las potencias comunistas que financian y están detrás de la posición de poder prolongada que por años han tenido Chavez y Maduro.
Leopoldo no luchaba contra un líder, sino que tenia en contra todo un sistema más fuerte que el pueblo mismo. Moro, predice, que es del poder de lo único que pueden aferrarse y por eso lo perpetúan, pues no habría rincón en su país, o en el planeta donde no están a salvo, a no ser que cuenten con la seguridad y protección de mercenarios partidarios de sus mismas corrientes ideológicas, quizá por allá en algún desierto lejos de una sana democracia.
En este libro riguroso y emocionante, Moro nos acerca a la vida de una figura clave para comprender la Venezuela actual: Leopoldo López. Tras ser encarcelado en 2014, después de liderar las más grandes protestas en contra del gobierno de Nicolás Maduro, López se convirtió en un símbolo de la lucha por la democracia en el país.
¡Gracias Hay Forum! ¡Gracias Panamá! Que sea la primera de muchas ediciones de este importante evento en tierras istmeñas. ¡Nos vemos en la próxima!
La Historia puede ser el mejor cuento del mundo, o la pesadilla más horripilante que se nos pueda presentar.
Muchos, quizá, asociemos la Historia a un profesor medio cascarrabias que nos hacía memorizar cosas en la escuela, nombres de próceres, guerras, y acontecimientos que parecían lejanos a nuestra realidad.
Esa es la magia de Simon Sebag, te cuenta la historia y te hace sentir que eres parte de ella, que tu vida, tu pasado y por supuesto tu presente está entretejido en sus hilos.
En la presentación en el marco del Hay Forum de Ciudad de Panamá, nos habló del proceso creativo y de producción de su libro El mundo: una historia de familias. Como él mismo dice, mientras muchos en pandemia se dedicaban a hornear pan, él se dedicó por entero doce horas al día por casi tres años a escribir, con pausas solo para ir a comprar café – un poquito exagerado, yo sé, pero así lo cuenta él para captar nuestra atención.
En el libro nos muestra la historia de la humanidad contada a través de las más importantes familias, desde una perspectiva más diversa y global, considerando factores como el rol de la mujer y los niños, el poder, la cultura, las demofamilias, las dinastías, el papel de la religión.
La familia, está más que confirmado, es la base de la sociedad y en muchas épocas de la historia universal se puede entender un Estado al comprender las dinámicas familiares. Así mismo, tienen en común familias y naciones que son invenciones humanas, especialmente asociando a su sentido de poder.
No quiero hablar mucho del libro, sólo diré que es muy interesante y que ya es una tarea pendiente en la lista de lectura.
Para Simon, el ejercicio de documentar la Historia debe centrarse en:
¿Qué pasó?
¿Cómo funcionaban las cosas en ese tiempo?
¿Quien hizo qué a quien?
Analizar desde el rompimiento de nuestras propias convenciones sociales.
Ser neutral.
Tratar de apegarse a la verdad.
Excelente presentación y moderación por parte de Guillermina De Gracia quien supo llevar a Simon a través de inquietudes interesantes, con un dialogo fluido y una pasión desborda por la Historia bien transmitida.
Las personas que se embarcan en procesos de gestión cultural son héroes de este tiempo. Héroes que están dispuestos a salir de la comodidad y, en algunos casos, de sus posiciones de privilegio para hacer algo por los otros, para construir formas de garantizar el derecho a la cultura.
Orit, Keyes y Velia, desde diferentes posiciones se han embarcado en la aventura de liderar proyectos culturales.
Cada uno desde una realidad distinta, con retos y misiones distintas, con el firme y en común convencimiento que la cultura es una salida y una forma de mostrarle a muchas comunidades abandonadas, una vía para crecer y ser autónomos. Nunca ha sido suficiente el asistencialismo que muchos de nuestros países acostumbran implementar como respuesta cuando hay problemas estructurales, como si fuese la opción más inteligente a las situaciones actuales.
Velia en el Chocó lidera programas culturales hace más de 7 años. Habló de la importancia de la pasión, los valores no negociables, las alianzas con la empresa privada, los procesos estatales para conseguir fondos, la relación con el dinero – pues es necesario enseñar que la gestión cultural no es caridad, ni es salarios indignos, ni regalar el trabajo. La gestión cultural bien llevada debe ser sostenible, contar con fondos suficientes, dignificar el trabajo de los demás y ofrecer oportunidades.
Velia invita a las personas con ese deseo de liderar proyectos culturales a hacer la apuesta al completo. A soltarlo todo, dejarlo todo y lanzarse entero a trabajar y hacerlo realidad.
Keyes, por su parte, lidera proyectos en el sector inmobiliario, recuperando edificaciones donde incorpora espacios que le permiten al gestor cultural hacer su trabajo.
Algunos de esos proyectos son bien conocidos aquí en Panamá. Keyes afirma que vale la pena invertir en cultura, aún cuando uno de los retos más grandes que enfrenta son las conversaciones alrededor de la financiación y los bancos. Cuesta que las entidades financieras vean con buenos ojos este tipo de proyectos. Los bancos no lo entienden, pero las sociedades se basan en la cultura, la riqueza de un país, el nivel de prosperidad de una comunidad está directamente relacionado con su nivel cultural.
Para él la esperanza reside en esta nueva generación, mucho más involucrada en diálogos culturales, que solicita y promueve espacios de esta naturaleza para crear comunidad.
Orit, en cambio, cuenta su experiencia desde el rol de liderazgo de la cadena de librerías El Hombre de la Mancha y la Feria del Libro de Panamá, que está a punto de ser reconocida por el gobierno en su magnitud nacional e importancia para la educación y cultura del país, con lo cual lograría destinarse fondos de apoyo a su realización anual. Su rol en influenciar procesos locales a nivel gubernamental ha sido clave para formalizar entidades y procesos de cultura.
Es una amante de las artes, ella procura, por ejemplo, traer a todas las familias, niños y jovenes que no tienen la oportunidad de viajar al extranjero, exhibiciones de arte y cultura en el marco de la Feria.
El Hombre De La Mancha es una de las organizaciones que hizo posible el Hay Forum en Ciudad de Panamá, quien cada vez más facilita espacios, conversaciones y actividades alrededor de la literatura y apoyando escritores locales con difusión de sus trabajos.
Como aprendizaje de esta conferencia me llevo que, cuando se pone a marchar un proyecto de esta naturaleza, para que funcione de verdad, hay que considerar tres puntos importantes:
Debe nacer desde la pasión. Debe convertirse en una misión de vida.
Verlo como un negocio (en el sentido de estructura y de administración de proyectos) a través de la reescritura del discurso de gestión cultural es igual a caridad.
Fundarse en principios innegociables. Mejor ir lento con transparencia, que lograrlo a cualquier costo y de forma inmediata.
La gestión cultural es una necesidad actual de nuestros países. Admirable la dedicación y entrega de personas como Orit, Velia y Keyes a estos proyectos que tanto benefician a las comunidades locales.
Jon Lee Anderson es un grandioso periodista estadounidense, conocedor de la realidad geopolítica internacional, con especial énfasis en la latinoamericana. Sus escritos e investigaciones se centran en la política, el conflicto y las guerras.
El diálogo en el marco del Hay Forum Ciudad de Panamá se centró en los retos del periodismo investigativo, del que algunos dicen está en decadencia por el afán de los nuevos modelos de negocio de los medios de comunicación, el internet y el pseudo-periodismo de los últimos años donde la información es chatarra, el rey es la noticia falsa y el lector no se concentra más allá de dos lineas de texto.
Sin embargo, si aún existen periodistas como Anderson es porque tenemos como sociedad sed de verdad. De un periodismo más justo y que intenta ser más neutral.
En su conversación con Amalia Aguilar nos contó de su proceso de investigación y escritura, que toma en total unas 10 semanas. Semanas en las que se vuelca por completo a producir el material de campo y luego a hilar las ideas, el proceso de edición y revisión hasta la publicación final.
Él piensa que quien quiera una vida fácil no puede dedicarse al periodismo investigativo, y en contraposición a lo que decía Gabo, que este es el mejor oficio del mundo, está lejos de serlo. Anderson, ha visto caer con los años a colegas en conflicto, o como objetivo político en favor de decir la verdad. Él mismo se ha visto en riesgo por su trabajo, por lo que sabe en su piel que no es color rosa.
Para él, los periodistas son, o deben ser, los guardianes de democracia, y más allá de la ideología política o corriente de pensamiento (que él trata de no volcar en sus investigaciones) pasan a ser la conciencia del pueblo, para analizar con pensamiento critico las situaciones actuales, la divulgación honesta, la verdad a la luz.
Habló de la ética del periodista y del periodismo que más bien pasa por espionaje sirviendo a interés de otros. El verdadero trabajo debe ser critico no ingenuo, para descubrir si algo es noticia o solo sirve a conveniencia de una fuerza mayor. No todo debe contarse, también dice Anderson.
Por años, he visto a Jon Lee participar de estos espacios y está siempre abierto a nuevos escenarios donde se pueda contar historias. Se le queda mucha tela por cortar y confiesa que hay dos figuras políticas de interés mundial que le encantaría perfilar y que se vienen a su mente al momento de la conversación, Vladimir Putin y Hasina Wajed.
Él sigue siendo un periodista tradicional en sus formas, prefiere el lápiz y el bloc para tomar sus apuntes, y aunque le costó un tiempo leer en digital, especialmente largos textos, ha incorporado la tecnología a su día a día.
Su narrativa es dinámica, franca y directa. Un placer escucharle hablar.
Como «tres mujeres de este mundo», así introdujo Alina Torrero a las invitadas al panel «La Lucha de las desigualdades» en el marco del segundo día de Hay Forum Ciudad de Panamá.
Desde sus experiencias y trabajos, Indhira, Miroslava y Josefa nos fueron navegando por profundas reflexiones sobre la desigualdad, la discriminación y las realidades que impactan a la población en general, y a los grupos minoritarios e interseccionales en particular, problemáticas que no son solo de estos grupos afectados sino que es un tema de interés de la sociedad al completo, pues está comprobado que desviar la mirada no los desvanece, solo los oculta, nos hace indiferentes pero no inmunes a sus consecuencias.
Indhira, colombiana, exmodelo, actriz, ahora conferencista y tallerista, nos adentró en la vida de la mujer caribe, negra, con su cabello afro que ha sido enseñada que para verse bien debe procurar lucir más blanca y lisa. Le decían que no era guapa y que afortunadamente, por ser inteligente, iba a poder hacerse a mejores oportunidades. Dice que el modelaje la salvó, pues conectó con su identidad, y la actuación le regaló la capacidad de ponerse en los zapatos de otros, para entender su vida desde otra mirada.
Su proyecto «Reconstruyendo Imaginarios», empezó en la sala de su casa, donde con tertulias sin censura se hablaba de temas y retos comunes a las mujeres afro: dinero y trabajo, educación, pareja, sexualidad y poder. Con el tiempo, Indhira comprendió que esos problemas no se refieren solo a la discriminación de un grupo en particular o una característica puntual, sino que es un tejido de pensamiento colectivo que señala a todo el que es diferente y no lo acepta, la negra, la indígena, la homosexual (y uso «la» porque a la mujer siempre le toma más tiempo poder probar su valor, y más aun si hace parte de grupos subrepresentados).
Los imaginarios son todas esas ideas que se han instalado como creencias inamovibles y que nos hacen juzgar a una persona, sin darnos la oportunidad de conocerla, solo por su apariencia o por cómo la percibimos en un primer encuentro. Son ideas que nos impiden conectarnos con el otro y que nos dificultan crecer como sociedad.
Según ella, no podemos combatir un solo tipo de discriminación, porque cuando te sientas a defender solo una causa, tu causa, no es una verdadera lucha por la igualdad, sino una agenda para tu conveniencia. Así pues, la invitación es a trabajar por acabar con todo tipo de discriminación.
Rosa la crespa, es su cuento infantil. Una niña se levanta un día y no sabe como peinar su cabello, y todos en casa le dan ideas para resolver su problema. Rosa conoce a una persona que le ayudará a amar su cabello tal y como es.
Esa es la realidad de miles de mujeres que volcadas a cumplir un patrón de belleza racista y excluyente, son enseñadas desde niñas que deben tener el cabello lacio a cualquier costo, sin importar cuanto daño puedan hacerle y a su piel, a su conciencia, identidad y auto-aceptación.
Es un cuento que no debe ser presentado solo a las niñas afro, no es una historia de nicho. Este cuento es para todos, es una historia universal, como ella lo define, porque todos debemos aprender que independientemente de nuestras características somos valiosos y únicos, somos seres humanos, hermanos en este planeta.
Poner estos cuentos en la mesa, presentarlos en nuevos espacios, es el punto de partida para abrir diálogos más profundos entre niños y adultos en casa, en sus comunidades y escuelas para empezar a educar alrededor de la discriminación.
Conocer y escuchar a Indhira fue todo un placer. Una mujer que tiene luz, tiene estrella, que inspira y motiva al cambio.
La conversación siguió con Miroslava Herrera, panameña, integrante del dúo musical Afrodisiaco, comunicadora social y gestora cultural.
Miroslava nos hizo volver la mirada a los ritmos del tambor, ritmos que están dormidos en nuestra psique pero aun vivos, porque son legado de los pueblos ancestrales y hacen parte de nuestras raíces.
La música es el elemento que ella utiliza para despertar la conciencia de las personas para hacerse preguntas. La vida no se puede vivir si solo estamos tratando de sobrevivir, por eso el llamado es a destruir los altares racistas, y eso te incluye a ti y a mi.
Somos racistas. Vivimos en una sociedad racista. Que trata despectivamente y excluye al negro por ser negro, por tener el pelo malo, por su manera de hablar, su modo de ser. Asociamos negritud a pobreza, a incapacidad intelectual. Miroslava ha creado conciencia sobre cómo nuestros cantos, expresiones, refranes, incluso poemas que aprenden los niños en la escuela, están fundados en modelos racistas que perpetúan el dolor y la exclusión.
En su lugar está creando nuevos mensajes. Está creando sendas para encausar un nuevo discurso contra todas las formas de discriminación.
Para terminar, Josefa Sánchez Contreras, mexicana, socióloga, investigadora y activista por la defensa territorial y los derechos indígenas, nos habló de como nuestra sociedad se sostiene en los modelos colonialistas y extractivistas. Cómo los museos y la Historia presenta a los pueblos aborígenes como extintos y petrificados, difundiendo una visión errada de estas comunidades tan vivas, activas y ricas hoy en día.
Aquí también entran en juego los imaginarios. El imaginario del indígena sucio, inferior e ignorante. Josefa es el vivo ejemplo de la gran capacidad e igualdad. Escucharla hablar en perfecto español (que no es su lengua de origen) es una muestra de la resiliencia y empuje.
Ella nos cuestiona, ¿por qué solo la mujer indígena o la mujer afro debe preocuparse de resolver toda esta situación? ¿No es esto un problema de todos?
Sucede que nos hemos creído que si el «problema no me afecta» entonces no me corresponde, cuando la realidad es que los problemas son de todos, porque habitamos este mundo al que le inventamos fronteras imaginarias, donde los pueblos aborígenes e indigenas son custodios de la naturaleza y las raíces pero nos quieren hacer creer que son agentes que retrasan el progreso, cuando en realidad son defensores de la vida.
La conversación terminó con una pequeña reflexión alrededor de la migración en Panamá y en el mundo entero. Creemos que es un problema de una nacionalidad, de un solo territorio, cuando el mundo está lleno de migrantes y desplazados.
Podemos ponerle el titulo que deseemos y están en cualquier país, Colombia, Panamá, México, El Congo. La invitación es a sensibilizar la mirada del no migrante para que comprenda que tiene la capacidad de apoyar y ofrecer una ayuda a esta situación que hoy, parece, no impactarle.
Después de pasar por un periodo de protestas que paralizaron al país hace solo unos meses, de estar ante los ojos del mundo porque el tránsito de los buques a través del canal se ha reducido a 24 barcos por día y a puertas de unas elecciones presidenciales, no estoy muy segura de, si hablar de los retos de Panamá, sea un tema que no se torne a tinte político (como pudo sentirse un poco en la sala durante la ronda de preguntas y respuestas).
Hay Forum, y los escenarios en general de Hay Festival son, si bien para tener conversaciones retadoras y estimulantes, espacios neutros para construir dialogo sin importar la ideología política y el candidato de turno, pues hablar de los retos de una nación va más allá de un partido o un color.
Con maestría y desenvoltura, Lina Vega moderó un panel de cuatro personalidades y expertos en su materia, para conversar de los desafíos en términos económicos, sociales y ambientales que experimenta el país, y de los que, si no se toma acción, pueden volcarse a problemáticas aún más complejas y con impacto amplificado.
Se habló de la identidad país, ese Puente de las Américas, camino y paso de gentes y especies, que a través de su historia ha vivido el cambio como parte de su ADN. Istmo, tierra fértil, cuna de capitales y apetito de extractivistas, porque a pesar de ser un país pequeño en extensión, es riquísimo en recursos.
La conversación giró alrededor de la colaboración que debe propiciarse entre los distintos agentes que lideran la nación, no solo desde el gobierno, sino desde la empresa privada, la educación y la comunidad en general, que está urgida por aprender a valerse por si misma, hacer uso de sus habilidades y cambiar la mentalidad para crearse oportunidades en lugar de esperar que otro venga a resolver sus problemas.
Debe cerrarse la brecha de oportunidades. Debe haber capacitación y tecnología puesta al servicio de los procesos agroindustriales, capacidad critica, emprendimiento e innovación.
Los desafíos de Panamá van más allá de las lluvias o la subida de los niveles del mar, involucra la preparación del capital humano para afrontar todos esos retos con entereza, soluciones innovadores y empatía.
Subidas del nivel del mar, cambios en los patrones de lluvia, inmigración ilegal por la zona del Darien, aumento de las temperaturas, desaparición y desarraigo de comunidades aborígenes a lo largo de las costas del territorio nacional, una currícula que aún no educa a los estudiantes sobre cambio climático, desarrollo de nuevos procesos y eficiencias, y economía sostenible.
Los retos están bien puestos en la mesa. ¿Quien está dispuesto a comprometerse por construir soluciones a largo plazo desde la institucionalidad y más allá de un quinquenio?
Una conversación provocadora (en el buen sentido de la palabra) para cuestionar qué estamos haciendo por el país. ¿Estamos esperando que otro resuelva los problemas y si no lo logran, desde la comodidad del sillón cuando salen las noticias podamos señalar con el dedo la ineptitud e incompetencia?
Yo diría que Wade Davis es más colombiano que el mismísimo rio Magdalena. Nunca escuché hablar a un extranjero de Colombia con la esperanza, admiración y emoción de Davis.
Wade Davis es algo así como un todo en uno: antropólogo, etnobotánico, autor y fotógrafo, pero por encima de eso es un optimista, un creyente en el poder del cambio, de volver a la esencia y a los saberes aborígenes para salvar al mundo de la crisis climática. Una crisis que quiere aferrarse al miedo, sembrar caos y optar por salidas extremas, como reducir a cero las emisiones de carbono, cosa imposible para el andar de la economía global.
Por el contrario, si nuestros países se ocuparan de construir puentes para gestionar un desarrollo más sustentable y colaborativo, con la naturaleza en el centro y los pueblos aborígenes como sabios consejeros, estaríamos más cerca de revertir el daño que nosotros mismos hemos causado.
Todo parte desde la visión. La visión que tenemos de la tierra y del campo, de los bosques y la montaña. Los pueblos modernos creen en la propiedad y la explotación desmesurada de los recursos, las comunidades aborígenes creen en ser custodios e interactuar con ellos, en una relación más simbiótica, respetuosa y comprometida con las generaciones futuras.
Colombia ocupa su corazón, y la ha recorrido entera. Ha explorado sus ríos y sus selvas, conocido a grandes lideres de comunidades aborigenes y plasmado en sus libros con fotos y experiencias el valor de la biodiversidad de este bello país.
Se ha ocupado, con su trabajo audiovisual, de presentarle al mundo la cara positiva del país: el que ha crecido sus áreas de parques naturales para preservar flora y fauna, el que acoge al inmigrante aún teniendo necesidades y carencias, el que busca la paz después más de 50 años de conflicto.
Colombia no es la imagen de los 80s o 90s, el país de la droga, el país de la cocaína y el narcotráfico, de la guerra, es un país que sueña y que a pesar de todas sus tormentas mantiene firme su democracia y su libertad.
Así Panamá tiene el compromiso de seguir moviendo su economía con una mirada más amigable con el ambiente, a ejemplo de su vecina Colombia, como lo plantea Davis. Un compromiso de esta generación para si misma, y para las que vienen.
Con enorme emoción Daniel Mordzinski nos navegó por 30 años de complice amistad con el gran escritor Luis Sepúlveda, de sus inicios como fotógrafo, de su odio a los payasos, de la conversación con Borges en su primer día de trabajo y de la sensibilidad de los nuevos fotógrafos que han surgido con el boom de los celulares.
Con cuatro décadas de trabajo fotográfico, conocer cientos de escritores y haber recorrido muchísimos rincones del mundo, Daniel no pierde su sencillez. Dice que va a atrofiar el músculo del ego y de la vanidad. Es un convencido del valor de la humildad en los artistas y lo refleja en su manera de hablar, tan cercana, noble, emotiva, cargada de humor y humana.
La conversación se llevó en dos momentos.
Primero Carlos Wynter Melo, con un texto precioso en honor a la vida de Luis Sepulveda, entre poemas, fragmentos y poesía, nos conectó con la fibra y el recuerdo del autor.
Con un compendio de fotografías de la vida de Sepúlveda, capturadas por Mordzinski, atestiguamos las alegrías, los triunfos, los amigos, la familia, los momentos de reflexión y la intimidad del escritor.
Con el paso de las fotos, los años se van notando con un peso que va cayendo leve. No hay foto de despedida, Sepúlveda se fue en días de COVID cuando los médicos no tenían ni la más remota idea de lo que se trataba. Daniel, con los años, sin saberlo, habría de convertirse en el guardián de muchas de sus historias.
Todas las ballenas y todos los delfines las acompañaremos, alejaremos cualquier amenaza, tendrán la escolta más poderosa. Tu misión, joven cachalote de color luna, será vivir en las aguas entre la isla Mocha y la tierra firme, cuidarás de las cuatro ballenas viejas, y mientras tanto esperaremos en la vastedad del océano para el viaje final. Eso fue lo que dispuso el cachalote anciano, y enseguida se sumergió azotando el agua con la aleta caudal. Yo, el cachalote de color luna, llené de aire mis pulmones y me dirigí hacia la isla.
Historia de una ballena blanca, Luis Sepúlveda
En la segunda parte del conversatorio, Daniel nos contó anécdotas de sus inicios, de sus primeros años en la fotografía, de lo que ha descubierto al adentrarse en la intimidad de los escritores, de cómo hace hablar a sus bibliotecas y cómo invita a editoriales y autores a usar la fotografía para presentarse de otra manera, una menos acartonada y más alejada de los cánones.
Para él, ya está más que desgastada, la imagen del escritor con la mano en el mentón y una biblioteca impoluta en el fondo, la imagen del autor sentado en un escritorio de madera amplio, con una pluma en la mano y una hoja en blanco. El autor, a través de la fotografía debe ser su mejor portada, que tiente al lector a explorar sus obras.
La fotografía se trata de sensibilidad, de poder expresar a través de una imagen una idea, un sentimiento, una voz. Las fotografías de Daniel son «atrevidas» porque rompen esquemas.
Él, siendo muy joven se refugió en los libros, en tiempos de la dictadura militar en Argentina, sin imaginar todo lo que los libros y los escritores iban a representar en su vida y su legado, de todo el trabajo creativo conjunto, de unir literatura y fotografía en una amalgama perfecta.
Hay Forum es un evento para celebrara las artes. Es más que literatura. Explora la programación y súmate a las actividades. https://www.hayfestival.com/forum/panama